A menudo entendemos la ósmosis simplemente como el paso de agua a través de una membrana, pero en el fondo, es un tema dictado por la entropía, es decir, la tendencia ineludible del universo hacia el mayor desorden. Si colocamos una solución de agua con sal y la separamos por una membrana, el agua pura cruzará hacia la solución salina. ¿Por qué? Porque el sistema global busca alcanzar la mayor dispersión posible de los iones.
Al pasar a la zona salina, las moléculas de agua se fijan a los iones (se solvatan) y pierden libertad, pasando temporalmente a un estado de menor entropía. Sin embargo, al diluirse, los iones se separan mucho más entre sí.
En el balance global, el aumento de entropía al separar los iones gana por mucho, haciendo que el agua fluya naturalmente hacia la salinidad. Este flujo continúa hasta que la columna de agua se eleva tanto que su presión hidrostática iguala a la presión osmótica (la fuerza de las moléculas queriendo cruzar), alcanzando un punto estático.